Una ambición colectiva que sigue evolucionando a la vanguardia de la gastronomía.

Cualquiera que lea manga japonés comprenderá este sentimiento. Tres amigos del baloncesto que se conocían desde la escuela primaria intentaron disfrutar juntos de la vida adulta, uniendo sus fuerzas. No estaban constantemente juntos, y sus primeros trabajos tras incorporarse al mundo laboral fueron diferentes. Pero su promesa y su deseo de trabajar juntos en el mundo de la restauración nunca decayó, y cumplieron fielmente su acuerdo de formarse en el extranjero a los 27 años. Era también la época en la que El Bulli y la cocina molecular causaban furor en todo el mundo, por lo que decidieron ir a España en lugar de a Francia, donde todo el mundo iba.

Se formaron en SAUC y ABaC, dos restaurantes que ya tenían estrellas Michelin en aquella época. Más que las técnicas, las lecciones más importantes las aprendieron del estilo de vida: la libertad y la actitud de no olvidar nunca disfrutar de cada momento. Comenzaron en Kanazawa por capricho, pero no fue fácil que lo aceptaran. No se trataba de auténtica cocina española, sino más bien de la «ambición» y el «reto» de tres personas que su entorno tenía dificultades para comprender. Sin embargo, los tres se mantuvieron muy unidos. Intercambiando miradas y opiniones, se ayudaron mutuamente y su visión tomó forma, convirtiéndose en un negocio viable. No tardaron mucho en conseguir dos estrellas Michelin. Pero eso no significaba que fueran a detenerse ahí. ¿Cómo podían integrar los ingredientes y la cultura de Kanazawa, de la prefectura de Ishikawa y de las regiones vecinas en su cocina? ¿O integrarlos en el placer compartido de la mesa? Quizás el verdadero reto no haya hecho más que empezar. El nuevo capítulo de su historia no ha hecho más que comenzar.